La conducta de las masas
Evolución histórica
Desde la antigüedad han existido diversas teorías
acerca del modo que tienen las personas de relacionarse. Filósofos griegos como
Platón y Aristóteles expusieron teorías sobre la mejor manera de organizar las
sociedades.
El estudio de la psicología de masas en tiempos
modernos comenzó en el siglo XX, antes de la I Guerra Mundial, con la obra del
psicólogo británico William McDougall y continuó en la década de 1940 con la
del psicólogo alemán Kurt Lewin. También influyeron las ideas del sociólogo y
filósofo Émile Durkheim y las teorías de los fundadores del psicoanálisis,
Sigmund Freud y Alfred Adler. Durkheim desarrolló el concepto de anomia, tipo
de alienación que se produce cuando un individuo no tiene la sensación de
pertenecer a una comunidad. Sostenía que ello era consecuencia y causa, al
mismo tiempo, de una ruptura del orden social, y que también reflejaba los
cambios en la división del trabajo, desde los papeles claramente definidos
dentro de las economías agrarias hasta la especialización de la mano de obra en
la sociedad industrial. Según Durkheim, se da la paradoja de que en los tiempos
modernos el individualismo se ha convertido en la base de la solidaridad
social. Freud y Adler estudiaron los orígenes inconscientes de la conducta
humana:
- Freud hizo hincapié en los deseos sexuales
- Mientras Adler, en el deseo de
poder y dominación.
El psicólogo social Erich Fromm estudió cómo el
sentimiento de separación genera una gran ansiedad.
Se inicia en la infancia
con la experiencia de la separación de la madre. La ansiedad de la separación
puede canalizarse de diferentes modos: de un modo creativo, mediante un trabajo
y unas relaciones productivas, o bien de un modo destructivo, mediante una
regresión a rituales primitivos, violentos e incluso orgiásticos. Al
identificarse con movimientos de masas, el individuo exterioriza sus problemas
internos. La conformidad puede actuar como un consuelo y una reducción de la
ansiedad; el individuo puede sentirse cómodo formando parte de una multitud.
Fromm observó que esta tendencia se daba en el autoritarismo y en las
dictaduras; los investigadores actuales la observan en el fenómeno de los aficionados
('hinchas') violentos al fútbol.
John
Thibaut y Harold
Kelley presentaron en
1959 una teoría
para explicar cómo en
una relación interactiva
las personas son interdependientes para el logro de
resultados positivos, en su libro "La psicología social
de los grupos". Ellos
estaban interesados en
las diversas formas de relaciones inter dependientes, y en los resultados
de cada una de esas formas, tomando como
variables independientes las posibilidades de control
recíproco y como
variables dependientes los productos de esas relaciones, tales como
normas, roles y poder (Shaw &
Costanzo, 1970).
Una
premisa básica de
la teoría es
que una interacción socialmente
significativa sólo se repetirá si los participantes obtienen resultados
positivos, ya sean
materiales o psicológicos. Y una
premisa adicional es
que una de
las metas importantes
en una interacción es
la maximización de
los resultados positivos
para cada uno de
los participantes. Aunque
esta maximización es
funcional al individuo, también
es funcional al
grupo porque incrementa
la probabilidad de que el grupo mantenga su integridad.
Thibaut
y Kelley estaban
principalmente interesados en
analizar la interacción diádica,
aquella que ocurre
cuando dos personas
emiten conducta una en presencia de la otra y donde la conducta de cada
una tiene la posibilidad de afectar a la otra persona. Aunque los resultados de
una interacción pueden ser descritos en diversas formas, los autores eligen considerar
las recompensas y
los costos percibidos
por el individuo como
consecuencia de haber
participado en la
interacción. Las
recompensas son las
satisfacciones y gratificaciones que
recibe una persona, mientras que
los costos son las
consecuencias negativas de emitir
una conducta. Así, el resultado de cualquier interacción será una resultante de
las recompensas recibidas y de los costos incurridos.
Medios de comunicación
masivos y publicidad
Los medios de comunicación masivos, como la
televisión, la radio y el cine, difunden normas y tendencias culturales, y
tienen una enorme influencia en las percepciones y opiniones del público. Esos
medios pueden utilizarse como una forma de 'escapismo' y las personas pueden
llegar a identificarse con vidas ficticias o a basar sus ideas en ellas. Las
fantasiosas caracterizaciones de los héroes cinematográficos y de los actores
de las telenovelas o 'culebrones' son un buen ejemplo de ello. El psicólogo
suizo Carl Jung sostenía que tales experiencias son resultado de la proyección
de patrones y arquetipos en el inconsciente colectivo. Es decir, que los seres
humanos nacen con unos códigos genéticos y biológicos de conducta como el de la
maternidad, el de la paternidad o el de las acciones heroicas. Las personas
famosas (los 'famosos') representan para nosotros esos patrones como mitos
vivos y nos permiten experimentarlos de modo indirecto.
El filósofo Roland Barthes ha descrito el modo en
que se generan los mitos al dotar de significados falsos a las cosas mundanas,
como en el caso de los lemas publicitarios. Si se logra persuadir a un número
suficiente de personas con una campaña de imagen determinada y un lema
publicitario relacionado con un producto, el uso de ese producto deviene norma
social y el producto se vende. Se ha saltado por encima del análisis racional;
el instinto ha vencido a la razón. La propaganda política actúa de igual forma,
simplificando temas sociales complejos. Las técnicas de que se sirve fueron
ampliamente estudiadas y puestas en práctica durante y después de la II Guerra
Mundial.